"Sé que sería posible construír un mundo justo. Por eso vuelvo a empezar sin tregua a partir de la página en blanco. Éste es mi oficio de poeta para la reconstrucción del mundo" Sophia de Mello
Thursday, 25 February 2010
Friday, 12 February 2010
Thursday, 11 February 2010
FLOW: FOR LOVE OF WATER
Water is the very essence of life, sustaining every being on the planet.
'Flow' confronts the disturbing reality that our crucial resource is
dwindling and greed just may be the cause.
Thursday, 21 January 2010
WHO KILLED THE ELECTRIC CAR?
Introduced as a means of providing an alternative to increasing oil consumption and reducing pollution in 1996, the electric car was an all-but-forgotten memory only a decade later -- but why? Through interviews with consumer advocacy experts, automotive industry experts, and oil industry heavyweights, filmmaker Chris Payne paints a thought-provoking picture of a culture whose aversion to change and reliance on dwindling resources may be rooted in the financial concerns of a wealthy few.
Monday, 30 November 2009
CONSTRUYENDO LA ESPAÑA FEDERAL
ANTECEDENTES:
- El proyecto de imponer un estado centralizado en España ha fracasado a lo largo de su historia moderna. El Estado unitario y centralista se ha demostrado ineficaz e inviable para gobernar la España plural formada por diversas identidades, tradiciones y territorios con vocación de autogobierno. La España de la transición supo encontrar el camino hacia a la democracia con la Constitución de 1978.
- Durante estos 30 años España ha progresado como en ningún otro periodo de la historia. La sociedad española ha mejorado su bienestar y ha incrementado su cohesión social. La integración europea ha situado la economía española como una de las más dinámicas del mundo.
- La creación de 17 CCAA ha permitido generalizar las instituciones de autogobierno de las distintas nacionalidades y regiones, que han pasado a gestionar más del 40% del gasto público y a disponer de más del 50% de los empleados públicos. Las CCAA han contribuido de manera decisiva al progreso general del país.
- En estos 30 años se ha creado una cultura política de la descentralización. La administración autonómica se ha ganado la confianza de la ciudadanía a través de unos servicios públicos próximos a la ciudadanía. Las Comunidades Autónomas han sido ampliamente legitimadas y están bien valoradas por la sociedad.
HOY:
- Tras tres décadas de vigencia de la Constitución de 1978 y culminado el proceso de aprobación de los nuevos Estatutos, el Estado autonómico es más federal que antes de las reformas. Sin embargo, persisten dudas respecto a su ulterior federalización.
- Este proceso, original por cuanto se han modificando Estatutos de Autonomía sin modificar la Constitución, supone avances positivos, pero no concita un consenso amplio, ni en la valoración de las consecuencias del proceso, ni en su interpretación.
- Existen, en la actual situación, riesgos e incertidumbres:
A) El proceso de reforma estatutaria no ha sido aprovechado para abordar de forma simultánea una reforma profunda de la propia Administración General del Estado.
B) No se ha alcanzado un acuerdo político sobre la creación o consolidación de anclajes federales claros y aceptados por todos.
C) Persiste un Senado inoperante y disfuncional que no sirve para representar la estructura territorial y política de España.
D) La Administración General del Estado y las Comunidades Autónomas se ocupan preferentemente de sus respectivas esferas de gobierno y se relacionan bilateralmente.
E) Los mecanismos de coordinación y cooperación multilaterales se ignoran, en detrimento de visiones y actitudes más acordes con la existencia de gobiernos multinivel y con contextos crecientemente interdependientes.
F) La falta de institucionalización de los mecanismos multilaterales con carácter vinculante (Senado, conferencias sectoriales y conferencia de presidentes), fomenta la provisionalidad, el trato desigual y la ineficaz implantación de los derechos básicos de ciudadanía en sanidad, servicios sociales y educación.
G) Los gobiernos locales han quedado al margen del proceso y siguen esperando su particular transición y acomodo en el nuevo Estado Autonómico.
FUTURO:
- La cultura democrática entiende que las constituciones son revisables, cuando las circunstancias cambian, y respetando los procedimientos democráticos y la voluntad libremente expresada por los ciudadanos. Ha llegado el momento de iniciar un proceso de reforma constitucional.
- Este proceso de reforma constitucional ha de hacer compatible la unión y la diversidad de los pueblos que componen España. La mejor manera de realizar este camino es a través del federalismo plural.
- Se trata de un recorrido que habrá que hacer sin dramatismos ni apelaciones a esencialismos. El camino hasta ahora recorrido en la construcción de un Estado compuesto adquiere trascendencia histórica y con la reforma de los estatutos se ha dado un paso más en la dirección adecuada.
- La perspectiva federal implica el reconocimiento y articulación de los principios de autogobierno y gobierno compartido, ya existentes en España, y a su vez, impulsar los mecanismos que permitan fortalecer los distintos niveles de gobierno y gobierno compartido, mejorando la coordinación y funcionamiento global de nuestro sistema político.
- El federalismo plural aspira a la acomodación y reconocimiento de las distintas naciones y regiones que coexisten en España, formulando un concepto de España no excluyente como nación de naciones y regiones, que a su vez también son plurales.
- El nuevo contexto ha de situar a la Administración General del Estado y las Comunidades Autónomas ante un nuevo escenario para comprometerse en un modelo de Estado viable y eficiente, basado en la cultura federal:
- Cultura federal como sinónimo de cultura del pacto (foedus).
- Desde la lealtad constitucional y la confianza institucional a través del respeto mutuo, la claridad y la transparencia en la información.
- Primando la coordinación y la cooperación vertical y horizontal entre esferas y niveles de gobierno, desde el multilateralismo y la corresponsabilidad.
- Fortaleciendo la cohesión territorial y la solidaridad.
- Potenciando la autonomía política y la capacidad para desarrollar políticas públicas
diferentes en y desde las distintas esferas de gobierno, pero evitando las inequidades y desigualdades en el campo de los derechos.
-- Urge, por tanto, una reforma constitucional que:
diferentes en y desde las distintas esferas de gobierno, pero evitando las inequidades y desigualdades en el campo de los derechos.
-- Urge, por tanto, una reforma constitucional que:
I) Reconozca las identidades diversas que coexisten en España, fortaleciendo todo su potencial cultural, lingüístico y simbólico, considerándolas como elementos definitorios de la realidad plural del Estado que enriquecen el proyecto compartido y su proyección de futuro.
II) Garantice el plurilingüismo y la plena igualdad de las lenguas oficiales del Estado en sus ámbitos de competencia.
III) Convierta al Senado en una cámara territorial efectiva, que actúe como órgano multilateral por excelencia.
IV) Fije con mayor claridad el ámbito de competencias de la Administración General del Estado y de las Comunidades Autónomas.
V) Establezca los mecanismos de cooperación necesarios y legisle para garantizar el efecto vinculante de las decisiones que se tomen en las conferencias sectoriales interterritoriales y de presidentes.
VI) Establezca la representación de la pluralidad de España en la composición y renovación de sus principales instituciones.
VII) Garantice y haga efectiva la autonomía financiera y la corresponsabilidad fiscal de los distintos niveles de gobierno, haciéndola compatible con la nivelación y la solidaridad del conjunto del Estado.
http://www.espanafederal.es/
http://www.espanafederal.es/
Thursday, 5 November 2009
Monday, 31 August 2009
Tuesday, 23 June 2009
Wednesday, 23 July 2008
EL BOSQUE NEGRO, Galicia 2000
Comienza el otoño en el bosque que rodea a mi casa. Camino para evadirme de los problemas del mundo, del bombardeo informativo que me hace pensar que ya nada tiene remedio para el demente comportamiento del ser humano. Consciente de las guerras e injusticias que nos rodean, atravieso la finca, para poder sentir la tranquilidad del campo y ver las primeras setas y rojizos de las hojas.
Miro hacia el cielo y las golondrinas ya
se han marchado. Es un consuelo saber que todavía tienen a donde ir y a dónde
volver. Sigo el sendero mientras comienzan mis pensamientos.
El campo está verde por las lluvias de noviembre. Pienso que al menos, todavía queda un rincón de paz en el caótico mundo que habito. Me gustaría decir, que me adentro en la naturaleza intocada, pero eso es ya algo casi imposible en el siglo XXI.
El campo está verde por las lluvias de noviembre. Pienso que al menos, todavía queda un rincón de paz en el caótico mundo que habito. Me gustaría decir, que me adentro en la naturaleza intocada, pero eso es ya algo casi imposible en el siglo XXI.
Es evidente la destrucción del entorno y las
especies autóctonas de mi valle. Donde antes había castaños, robles y pinos,
ahora el eucalipto invade a su antojo el terreno, acidificando el suelo y
atentando contra la fauna. Pues, ¿quién se alimenta de sus hojas? ¿Quién anida
en sus ramas? A veces irónicamente llamo a Galicia la Nueva Australia. Y es que
pienso que con el cambio climático y la subida de las temperaturas, en un par
de siglos, con una España desertizada, ¿qué le faltaría a Galicia para
diferenciarse? Tal vez los canguros, o los koalas.
Cambiar, esa es la cuestión, pero parece que
nadie está por la labor de sacrificarse por un mañana en el que ya no estará.
Son tantas cosas las que enferman el mundo.
Sigo caminando, y bajo mis pies el suelo se vuelve negro de repente, cenizas y
polvo. Levanto la vista y me hallo rodeada de un paisaje desolador. Estoy en
una parte elevada del bosque y puedo ver el horizonte. Desde mis pies hasta
los tres montes siguientes de la cordillera se extiende un bosque negro, de
cenizas y muerte. Silencio. Una lágrima resbala sobre mi mejilla y contemplo
muda, inmóvil, la desaparición de la vida.
Este año los especuladores lo han vuelto a quemar por sexta vez en
los 14 años que llevo viviendo en este lugar. Las constructoras tienen interés
en la zona y claro, es reserva forestal. Pretenden recalificar el terreno. No
puede ser reserva donde no hay que reservar. Supongo que ese es su
planteamiento.
Empieza a caer la noche y emprendo el
regreso a casa. En la oscuridad que ahora cubre todo pienso en lo que
encontrarán las golondrinas cuando vuelvan de su largo viaje. Todo ha muerto a
mí alrededor. Empieza la espera por la primavera.
Laura MT, 2000.
Sunday, 23 December 2007
Cuento(Triste)de Navidad-Manuel Castells
En el portal de Belén hay estrellas, sol y bombas. La aldea global se estremece en la noche con los alaridos de las sirenas y el pulular de los saqueadores. Los minaretes de las mezquitas recortan su silueta blanca en el rojo sangre del cielo. Las cruces extienden desesperadamente sus brazos de esperanza a través del mar. La cháchara de vida puebla las redes aún libres de Internet. Miro de nuevo a la calculadora. Los guarismos verdes centellean en la pantalla de cristal líquido. Mi aldea tiene cien vecinos. Pero catorce de ellos se están comiendo ocho de los diez pavos que criamos. Y casi todo el besugo y el cava y el turrón y no digamos los mariscos. Aunque pensado egoístamente, casi mejor, porque si todos los vecinos comiéramos igual, nuestro lago se quedaría sin peces y tendríamos que volver a la pesca milagrosa. La pesca milagrosa de ahora es como llaman en Colombia a los secuestros que las bandas armadas practican al azar en las carreteras. Pesca de vidas, milagros de supervivencia. Algo difícil para treinta de los cien vecinos del África austral, que están infectados con el virus del sida, uno de los jinetes del aquelarre de la pobreza, la droga y prostitución. Y si eres mujer, cuidado, susurra tus quejas. O te pegarán, como a una de cada cuatro españolas, o te matarán, como les ocurrió el año pasado a treinta y nueve de nuestras vecinas en esta urbanización llamada España.
Tengo que hablar, hablar con alguien. Esgrimo mi móvil. Y recuerdo que más de la mitad de los vecinos de mi aldea no han hecho o recibido en su vida una sola llamada de teléfono. ¿Incomunicados? Si y no. Comunican con los suyos, con su entorno, con la naturaleza. Pero ¿qué naturaleza? Ya más de la mitad de mi aldea vive en áreas urbanas y dentro de poco serán dos tercios, y antes de no mucho, más de tres cuartos. Megaciudades superpobladas de extensión infinita y servicios escasos, en donde respirar, beber agua, hacer sus necesidades, se convierte en una lucha cotidiana. Eso sí, en los barrios ricos de mi aldea disfrutamos de la soledad acompañada de nuestras cabinas sonoras ambulantes, saboreando el placer radiofónico de tertulias esclarecedoras mientras nuestros automóviles se desperezan por la caravana multicolor de los atascos.
Necesito aire, salgo a pasear. A lo mejor encuentro a Papa Noel y me regala una aldea nueva. Pero es de noche y hay toque de queda en Buenos Aires, en Kandahar y en tantos otros barrios de mi aldea en que la violencia, a veces revancha, a veces justicia, a veces locura, se envuelve en el manto de las sombras para clavarnos el miedo en el corazón. Así es que me encuentro solo, conmigo mismo. Y me digo que cualquier tiempo pasado fue peor. Al fin y al cabo, hasta hace menos de trescientos años (un instante en la historia de nuestra especie) la población de nuestra aldea, también en Europa, era periódicamente diezmada por las plagas, las hambrunas, las guerras y las catástrofes de una naturaleza más hostil de lo que se imaginan los ecologistas ingenuos. Y ahora vivimos más, mucho más, que hace un siglo (casi el doble en España), gracias a la ciencia médica, a la higiene pública y al cuidado hospitalario. Y sabemos mucho más, tenemos mucha más educación y 70 de los 100 niños de nuestra aldea global van a la escuela. Y en los últimos 10 años hemos puesto juntas todas nuestras economías, hemos creado más riqueza que en los 30 años anteriores y hemos visto cómo mucha gente de barrios hasta ahora pobres empiezan a ser como los de mi barrio. Y hemos hecho maravillas de inventos tecnológicos, como Internet, como la capacidad de crear vida nueva por ingeniería genética y como la capacidad de entender lo que pasa en la aldea y contarlo a todo el mundo en el momento. Y cientos de millones de mujeres han sido capaces de decir basta a los patriarcas de turno. ¿Entonces? ¿No es simplemente una cuestión de tiempo el que este mundo feliz que estamos creando llegue a todos y empecemos la verdadera historia de la humanidad, la de crear y compartir sin destruccion, sin violencia, sin injusticia, sin corrupción, sin opresión, en armonía con la naturaleza? No podríamos vivir en una eterna Navidad sin que la simple mención de esta utopía provoque una mueca sarcástica? Sabemos que no, sabemos que cuanta más riqueza hemos creado más iniquidad se produce en su reparto; que cuanto más sofisticado es nuestro sistema tecnológico más gente se excluye mediante la ignorancia; que cuanto más crece nuestra riqueza más se destruye nuestro ecosistema; que cuanto más diversa es nuestra cultura más incapaces de comunicar son nuestras identidades; que cuanto más se extiende la democracia más se manipulan sus mecanismos, y que cuando acabamos con una forma de guerra descubrimos otra más insidiosa.
De repente, la estrella rutilante se detiene en el horizonte y lo veo todo claro: es una Navidad triste porque ha llegado la Navidad. Porque sabemos tanto, queremos tanto, podemos tanto, sentimos tanto, tenemos tantas cosas en nuestras manos y en nuestra mente que realmente podríamos vivir en esa felicidad que nos deseamos burocráticamente los unos a los otros unas horas al año, como quien masculla el buenos días con el que empiezan las jornadas del no ser. Y, sin embargo, seguimos viviendo en la violencia sin remordimiento, en la competitividad sin cooperación, en la insolidaridad sin vuelta de hoja, en la incomunicación unilateral. Y allá los curas, los ayatollás o las ONGs de bienpesantes con sus monsergas morales. La Navidad se heló en nuestros corazones hace tanto tiempo que sólo podemos sentirla en los ojos de nuestros niños, sabiendo que es eso, cosa de niños, que algún día serán tan glaciales como nosotros y empuñarán el kalashnikov para comunicar por Internet la devaluación de nuestras vidas.
Tengo que hablar, hablar con alguien. Esgrimo mi móvil. Y recuerdo que más de la mitad de los vecinos de mi aldea no han hecho o recibido en su vida una sola llamada de teléfono. ¿Incomunicados? Si y no. Comunican con los suyos, con su entorno, con la naturaleza. Pero ¿qué naturaleza? Ya más de la mitad de mi aldea vive en áreas urbanas y dentro de poco serán dos tercios, y antes de no mucho, más de tres cuartos. Megaciudades superpobladas de extensión infinita y servicios escasos, en donde respirar, beber agua, hacer sus necesidades, se convierte en una lucha cotidiana. Eso sí, en los barrios ricos de mi aldea disfrutamos de la soledad acompañada de nuestras cabinas sonoras ambulantes, saboreando el placer radiofónico de tertulias esclarecedoras mientras nuestros automóviles se desperezan por la caravana multicolor de los atascos.
Necesito aire, salgo a pasear. A lo mejor encuentro a Papa Noel y me regala una aldea nueva. Pero es de noche y hay toque de queda en Buenos Aires, en Kandahar y en tantos otros barrios de mi aldea en que la violencia, a veces revancha, a veces justicia, a veces locura, se envuelve en el manto de las sombras para clavarnos el miedo en el corazón. Así es que me encuentro solo, conmigo mismo. Y me digo que cualquier tiempo pasado fue peor. Al fin y al cabo, hasta hace menos de trescientos años (un instante en la historia de nuestra especie) la población de nuestra aldea, también en Europa, era periódicamente diezmada por las plagas, las hambrunas, las guerras y las catástrofes de una naturaleza más hostil de lo que se imaginan los ecologistas ingenuos. Y ahora vivimos más, mucho más, que hace un siglo (casi el doble en España), gracias a la ciencia médica, a la higiene pública y al cuidado hospitalario. Y sabemos mucho más, tenemos mucha más educación y 70 de los 100 niños de nuestra aldea global van a la escuela. Y en los últimos 10 años hemos puesto juntas todas nuestras economías, hemos creado más riqueza que en los 30 años anteriores y hemos visto cómo mucha gente de barrios hasta ahora pobres empiezan a ser como los de mi barrio. Y hemos hecho maravillas de inventos tecnológicos, como Internet, como la capacidad de crear vida nueva por ingeniería genética y como la capacidad de entender lo que pasa en la aldea y contarlo a todo el mundo en el momento. Y cientos de millones de mujeres han sido capaces de decir basta a los patriarcas de turno. ¿Entonces? ¿No es simplemente una cuestión de tiempo el que este mundo feliz que estamos creando llegue a todos y empecemos la verdadera historia de la humanidad, la de crear y compartir sin destruccion, sin violencia, sin injusticia, sin corrupción, sin opresión, en armonía con la naturaleza? No podríamos vivir en una eterna Navidad sin que la simple mención de esta utopía provoque una mueca sarcástica? Sabemos que no, sabemos que cuanta más riqueza hemos creado más iniquidad se produce en su reparto; que cuanto más sofisticado es nuestro sistema tecnológico más gente se excluye mediante la ignorancia; que cuanto más crece nuestra riqueza más se destruye nuestro ecosistema; que cuanto más diversa es nuestra cultura más incapaces de comunicar son nuestras identidades; que cuanto más se extiende la democracia más se manipulan sus mecanismos, y que cuando acabamos con una forma de guerra descubrimos otra más insidiosa.
De repente, la estrella rutilante se detiene en el horizonte y lo veo todo claro: es una Navidad triste porque ha llegado la Navidad. Porque sabemos tanto, queremos tanto, podemos tanto, sentimos tanto, tenemos tantas cosas en nuestras manos y en nuestra mente que realmente podríamos vivir en esa felicidad que nos deseamos burocráticamente los unos a los otros unas horas al año, como quien masculla el buenos días con el que empiezan las jornadas del no ser. Y, sin embargo, seguimos viviendo en la violencia sin remordimiento, en la competitividad sin cooperación, en la insolidaridad sin vuelta de hoja, en la incomunicación unilateral. Y allá los curas, los ayatollás o las ONGs de bienpesantes con sus monsergas morales. La Navidad se heló en nuestros corazones hace tanto tiempo que sólo podemos sentirla en los ojos de nuestros niños, sabiendo que es eso, cosa de niños, que algún día serán tan glaciales como nosotros y empuñarán el kalashnikov para comunicar por Internet la devaluación de nuestras vidas.
* Manuel Castells es miembro del consejo asesor del secretario general de Naciones Unidas sobre tecnología de información y desarrollo global.
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